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Los peluches nos dieron parte de los mejores recuerdos de la infancia, sobre todo aquel favorito que estaba siempre a mano para ser abrazado, acompañar en los juegos, o para ayudarnos a dormir. Todas hemos tenido ese favorito y seguramente aún recuerdas con todo detalle cómo era. Lo que no sabíamos era que, sin darnos cuenta, estos compañeros de la infancia jugaban un papel imprescindible en nuestro desarrollo.

Los niños utilizan a sus compañeros particularmente significativos de varias maneras. A menudo agarran a sus peluches preferidos varias veces al día, en especial a la hora de ir a la cama o en situaciones que presentan un desafío especial para el niño, como un viaje o una visita al médico. Sin embargo, los niños frecuentemente también juegan con sus compañeros favoritos y los utilizan en distintos papeles y de numerosas maneras. De acuerdo con la manera en que el niño utiliza a su compañero, éste adquiere distintas funciones, divididas en dos grandes categorías:

Por un lado el compañero sirve para brindar consuelo emocional y ayuda a los niños a enfrentar lo desconocido y a soportar mejor las cosas desagradables de la vida cotidiana. Son compañeros de conversaciones imaginarias y de esta manera ayudan a articular sentimientos, organizar las ideas o expresar deseos. Incluso los preescolares construyen diálogos “internos» en los cuales expresan la manera en que experimentan las cosas, su perspectiva y en qué dirección les gustaría desarrollarse más. De esta manera el juego crea un espacio simbólico para procesar la experiencia vivida.

Por otro lado, el peluche o la muñeca son utilizados en juegos, sobre todo para juego de roles. En ellas el compañero asume varios papeles: se convierte en el niño, el médico, el animal para ser transportado o alguna criatura de fantasía. En este caso el peluche se vuelve parte de su negociación de identidad y sirve para el propio desarrollo.

Por consiguiente, los compañeros de infancia deberían ofrecer varios estímulos para el propio autodescubrimiento y el juego, que den pie a la imaginacion de nuestros hijos e hijas.

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